Mar de fondo

Cancelado todo canon, perimida la idea de estilos o, aun, tendencias dominantes, desechada la hegemonía de procedimientos técnicos determinados, la producción de imágenes recurre hoy a los expedientes más diversos: nada es ya demasiado nuevo, ni nada termina por ser descartado. Eso no significa que todo valga por igual, sino que los medios de imaginar se han vuelto ilimitados.
En este contexto, una pintura ultranaturalista cuenta con tantos recursos poéticos y fueros retóricos como una instalación, un video o una fotografía, para citar los dispositivos más comunes del horizonte visual contemporáneo. En el caso de la obra de Yuki, la pintura al óleo referida a plantas y flores aparece como una jugada imprevisible. La artista parte de la modalidad clásica de pintura, óleo, y se apoya en una circunspecta formación académica recibida en Japón, pero las pericias técnicas de las bellas artes devienen en su trabajo actual un medio para explorar estrategias propias de representación.
La pintura comienza por exponer una figuración impecable y clara basada en líneas delicadas que sortean con elegancia las presiones obsesivas impuestas por el detalle; la obra de Yuki se desarrolla mediante la precisión de trazos impecables y la fidelidad de descripciones botánicas minuciosas cuya levedad no menoscaba el detalle. Pero ese mundo de texturas y perfiles refinados se crispa en puntos de inflexión variados que desestabilizan el lugar de la belleza: las líneas son filosas, las puntas, agudas y espinosas; los movimientos, retorcidos, enroscados, y las direcciones compositivas, tensas. Una callada convulsión conmueve la armonía exacta de lo orgánico e insinúa las afinidades que comparten el desasosiego de las bromelias o los lirios y las inquietudes del cuerpo animal. Y reflejan, quizá, las zozobras que animan o abaten el discurrir humano. (Extremando en su imagen, todo organismo vivo revela la ambigüedad  de sus últimos contornos: la vocación híbrida del reino viviente)
Pero el estremecimiento de la forma no basta para inquietar el género de la academia. Con medios estrictamente pictóricos, Yuki construye un fondo aplastante de vacío que se levanta, desde atrás, y avanza al mismo tiempo que las lánguidas siluetas de las plantas. Así como el dibujo y la pintura litigan la supremacía de la forma en una contienda irresoluble, así el fondo y la figura entran en una tensión continua que paraliza el movimiento o lo acelera según ritmos que son pictóricos. Es que el vacío blanquísimo de la base no se encuentra planteado por exclusión sino construido con empastes carnosos de espátula: la tela no se muestra como superficie callada de proyección; actúa como principio matérico, informal, abstracto, si se quiere. Representa no la ocasión de la pausa o el contrapunto, sino el momento silencioso de  la diferencia. Mediante la distancia que traza su blancura espesa, puede colarse un gesto de reflexión acerca del hacer de la pintura misma.

Ticio Escobar, 2007

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